Una representación del alumnado de la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Said ha participado en el Festival Virtuoso&Belcanto de Lucca, uno de los encuentros de referencia para jóvenes músicos en Italia.
El trío —integrado por Irene Arriaza González (violín), Iván Galindo Esteban (violonchelo) y Sara Oliu Sánchez (piano)— ofreció un concierto el 2 de agosto con obras de Mendelssohn y Shostakóvich.
Ese mismo día, David Esteban González (trompa), Darío Blázquez (fagot), Germán Bernabéu (oboe), Manuel Calero (oboe) y Miglena Vassileva (fagot), participaron el proyecto Musica e Pace, una iniciativa que reúne a intérpretes de distintas procedencias en torno a un repertorio que incluyó la Fantasia on a Theme by Thomas Tallis de R. Vaughan Williams, con Jan Bjøranger como concertino; las Variaciones sobre un tema rococó, Op. 33, de P. I. Chaikovski, con el violonchelista Claudio Bohórquez como solista; y la Sinfonía n.º 2 en re mayor, Op. 36, de L. van Beethoven.
La dirección ha estado a cargo de Nabil Shehata, contrabajista y director germano-egipcio que ejerce como profesor de contrabajo en la Barenboim-Said Akademie de Berlín desde 2019 y, desde 2024, como director artístico de la orquesta de la Academia. Miembro fundador de la West-Eastern Divan Orchestra y antiguo solista de contrabajo de la Staatskapelle Berlin y la Filarmónica de Berlín, Shehata ha sido además profesor de la Academia de Estudios Orquestales, lo que refuerza el vínculo entre la formación recibida en la AEO y las experiencias que los alumnos desarrollan más allá de sus aulas.
Para el alumnado, este tipo de encuentros supone una oportunidad de crecimiento tanto artístico como personal. «Lo valoramos muy positivamente, ya que a nivel académico supone un pasito más en nuestra carrera profesional: nos damos a conocer en lugares a los que posiblemente por ti mismo no irías, y además adoptando papeles muy importantes dentro del festival», explica David Esteban González, trompa. «También nos aporta mucho en el plano formativo, ya que el director que dirige el proyecto es excelente».
Más allá del trabajo musical, los jóvenes intérpretes destacan la dimensión humana de la experiencia. «A nivel personal ha sido increíble. La gente es muy cercana, la organización nos ha acogido estupendamente y nos permite vivir un encuentro sin trabas: tenemos nuestras horas de ensayo y después total libertad para conocer la ciudad», señala Esteban González. «Eso también nos aporta mucho, porque conocemos distintas culturas y maneras de entender la música, por no hablar de los contactos que podemos llegar a establecer».
Con esta participación, la Fundación Barenboim-Said continúa apostando por proyectar internacionalmente el talento de sus alumnos y por ofrecerles espacios donde consolidar su formación en contextos profesionales de primer nivel.

